11 de diciembre de 2017

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Una diferencia entre la civilización fáustica y las demás es la curiosidad a la que no pone freno ninguna barrera, ningún tabú. Aristóteles advertía que no se rompieran demasiados sellos de la naturaleza, porque las consecuencias podían ser funestas. En algunos pueblos, cuando se tala un árbol, había que ofrecer un sacrificio. Los chinos ya conocían la pólvora; pero sólo la usaban para hacer fuegos artificiales. Lao-Tse se negó a prescindir en su jardín de la regadera y a regarlo más cómodamente mediante pequeñas zanjas: no podía “saberse adónde llevaba eso”.(E. Jünger en una conversación con Moravia; en neorrabioso)

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